domingo, 13 de septiembre de 2009

TEMA : Internet, Economía y Estado. LOGROS Cuarto Bimestre

LOGROS E INDICADORES
1. Descubrir en qué consiste la nueva economía planteada por la red de Internet.
1.1 Identifica las implicaciones económicas del Internet.
1.2 Conoce las características más importantes de la nueva economía planteadas por la red.
1.3 Evoca las tareas del Estado frente a la Internet.

2. Conocer la desigualdad distribución de la población mundial.
2.1 Conoce las implicaciones que tiene para la economía al acelerado crecimiento demográfico.
2.2 Identifica problemas y soluciones económicas que plantea el crecimiento demográfico.
2.3 Analiza con rigor y actitud critica la interrelación población – recursos.


OBSERVAR ESTOS VIDEOS PARA RESOLVER EL CUESTIONARIO:
http://www.youtube.com/watch?v=HnyQV2rJQ2I Historia Internet 1

http://www.youtube.com/watch?v=KUgrNNVbSsQ Historia Internet 2

Consignar las respuestas en el cuaderno de teoria se revisara en clase.

sábado, 22 de agosto de 2009

LA GLOBALIZACIÓN ECONÓMICA. GUIA DE ESTUDIO TERCER BIMESTRE

Antes de leer este texto Observemos este video. http://www.youtube.com/watch?v=IMmgPqP-VHw Eduardo Galeano, El Miedo Global.

Eduardo Galeano, una voz contra la corriente
El oficio del escritor uruguayo Eduardo Galeano es desenmascarar la realidad. En esta conversación con el periodista danés Niels Boel pasa revista a la globalización, la memoria, la identidad cultural, la lucha indígena… y al fútbol.

La globalización no es un fenómeno nuevo, es una tendencia que viene de lejos. En estos últimos años se ha acelerado mucho como consecuencia del desarrollo vertiginoso de las comunicaciones y de los transportes. Y también de la no menos vertiginosa concentración de capitales a escala internacional. Pero no corresponde confundir globalización con “internacionalismo”. Una cosa es la certeza de la universalidad de la condición humana, de nuestras pasiones, de nuestros pánicos, de nuestras necesidades, de nuestros sueños… y otra muy diferente es la “borratina” de las fronteras para la libre circulación del dinero.

Una cosa es la libertad de las personas y otra diferente y a veces opuesta es la libertad del dinero. Esto se observa ahora con mucha claridad en lugares como la frontera de México y Estados Unidos, virtualmente borrada para la circulación de dinero y mercancías, pero que en cambio levanta una suerte de muro de Berlín o de Muralla China para la circulación de las personas.

El derecho a la autodeterminación en la comida. El símbolo perfecto de la globalización es el éxito de empresas como Mc Donalds, que abre cinco nuevos restaurantes cada día en distintos lugares del planeta.

Más importante que la caída del muro de Berlín fue la cola de rusos ante Mc Donalds en la Plaza Roja de Moscú cuando se derritió eso que llamaban Cortina de Hierro, que por la facilidad con que se deshizo era más bien una cortina de puré.

La macdonaldización universal impone la comida de plástico en los cuatro puntos cardinales. Pero, al mismo tiempo, el éxito de Mc Donalds implica una lesión, una herida abierta en uno de los derechos humanos más importantes, el derecho a la autodeterminación en la comida. La barriga es una zona del alma. La boca es su puerta. Dime cómo comes y te diré quién eres. La comida es el modo de comer. El modo de cocinar es un rasgo de identidad cultural muy importante. No depende de la cantidad de cosas que se come. Es importante también para los pueblos pobres o muy pobres que comen poco o casi nada, pero que conservan tradiciones que hacen que ese acto mínimo de comer poco o casi nada se convierta de alguna manera en una ceremonia.

Contra la uniformización. Lo mejor que el mundo tiene está en la cantidad de mundos que contiene. Esta diversidad cultural, que es un patrimonio de la humanidad, se expresa en el modo de comer, y también en el modo de pensar, sentir, hablar, bailar, soñar.

Hay una tendencia muy acelerada a la uniformización de las costumbres. Pero al mismo tiempo hay reacciones hacia la afirmación de las diferencias que vale la pena perpetuar.

Realzar las diferencias culturales, no las sociales, es lo que permite que la humanidad no tenga un solo rostro, sino muchísimos rostros a la vez.

Ante esta avalancha de la homogeneización obligatoria hay reacciones muy saludables, pero también otras, a veces locas, que provienen del fanatismo religioso o de otras formas de afirmación desesperada de la identidad. Mi opinión es que no estamos de ninguna manera condenados a un mundo que sólo nos permita elegir entre dos posibilidades: o morir de hambre o morir de aburrimiento.

La identidad en movimiento

La identidad cultural no es una vasija quieta en una vitrina de un museo. Está en movimiento, cambia constantemente. Es continuamente desafiada por una realidad que también es dinámica. Yo soy lo que soy, pero también soy lo que hago para cambiar lo que soy. La pureza cultural no existe, como no existe la pureza racial. Afortunadamente, todo está muy mezclado a partir de cosas que a veces vienen de afuera; lo que define el carácter de un producto de cultura —sea un libro, un baile, una expresión popular, un modo de jugar al fútbol— nunca está en su origen, sino en su contenido.
Una bebida típica de Cuba como el daiquirí no tiene ningún elemento cubano: el hielo vino de fuera al igual que el limón, el azúcar y el ron.
Colón trajo el azúcar de las islas Canarias. Sin embargo el daiquirí es cubanísimo. Los churros andaluces vienen de Arabia.
Las pastas italianas provienen de China. No hay nada que pueda ser calificado o descalificado a partir de su origen. Lo que importa es lo que se hace con eso y en qué medida una colectividad puede reconocerse en un símbolo que tiene que ver con su modo preferido de soñar, vivir, danzar, jugar, amar.Eso es lo bueno del mundo, que de las mezclas incesantes van surgiendo nuevas respuestas a nuevos desafíos. Pero hay una indudable tendencia actual —resultado de la globalización obligatoria— a la uniformización que en gran medida tiene que ver con la concentración de poder en los medios de comunicación dominantes.

Dos esperanzas: Internet y las radios comunitarias¿El derecho a la expresión —reconocido por todas las constituciones— se reduce al derecho de escuchar? ¿No es también el derecho de decir? Pero, ¿cuántos tienen el derecho de decir? Estas preguntas tienen que ver muy profundamente con las “lastimaduras” que está sufriendo la diversidad cultural.Los espacios de independencia en el mundo de las comunicaciones se han reducido muchísimo. Los medios dominantes de comunicación son los que imponen no sólo una información manipulada y tergiversada, sino también una cierta visión del mundo que tiende a convertirse en la única posible. Es como reducir una cara que tiene millones de ojos a los únicos dos ojos de la cara dominante, que ocupa el lugar de todas las caras.
Lo que ha surgido como novedad promisoria es el auge de Internet. Es una de las paradojas que alimenta la esperanza. El Internet, que nace a partir de la necesidad de la articulación mundial de los planes militares, es decir, que nace al servicio de la guerra y de la muerte, es hoy el campo de expresión de muchísimas voces que antes no tenían la menor difusión. Hoy la tienen y pueden articular redes de comunicación gracias a este instrumento. Sirve también para la promoción comercial y la manipulación, pero indudablemente ha abierto espacios de libertad muy importantes para la comunicación independiente, que en cambio tiene sus caminos bastante cerrados en otros campos, como por ejemplo la televisión o la prensa.

En el campo de la radio también están ocurriendo cosas buenas. El desarrollo de las radios comunitarias en América Latina permite la expresión propia de la gente. Una cosa es hablar a la realidad y otra escucharla, escuchar qué voces suenan desde la realidad cuando ésta puede expresarse, cuando la gente practica el derecho a la expresión propia.Los fines y los mediosEn la Grecia antigua condenaban al cuchillo. Cuando ocurría un crimen se arrojaba el cuchillo al río. Hoy sabemos que una cosa son los medios y otra cosa los fines a los cuales sirven esos medios.

En América Latina, el drama es que se impuso el modelo de la televisión comercial norteamericana. No hemos aprendido nada del modelo europeo de una televisión orientada a otros fines. En muchos países europeos, como Alemania, Dinamarca o los Países Bajos, la televisión todavía cumple, aunque ahora en menor medida que antes, una función cultural muy fecunda e importante sobre la base de una forma de propiedad publica. Acá se impuso en cambio el modelo norteamericano de televisión comercial, para el que todo lo que vende es bueno y todo lo que no vende es malo.

De la lucha indígena
Uno de los muchos músculos secretos, de las muchas fuentes de energía que contienen estas tierras es su gente, la recuperación de los movimientos indígenas y la tremenda vitalidad de los valores que encarnan esos movimientos. Son valores de comunión con la naturaleza, valores comunitarios de vida compartida y no centrada en la codicia. Valores que vienen del pasado, pero que hablan al futuro y tienen mucho que decir a la humanidad. Hoy encuentran un eco grande, porque son valores que la humanidad entera está necesitando recuperar, porque estamos ante un mundo donde los lazos de solidaridad han sido gravemente lastimados, y en muchos casos rotos. Un mundo muy centrado en el egoísmo, en el “sálvese quien pueda” y en el “cada cual a lo suyo”.

Del hombre y la tierra
Hace cinco siglos que América Latina fue adiestrada para separar la naturaleza del hombre, del llamado hombre, que en realidad es la mujer y el hombre. La naturaleza por un lado, la persona humana por el otro. En el mundo entero ocurrió ese divorcio.Muchos de los indígenas que fueron quemados vivos por delito de idolatría no eran más que ecologistas de su tiempo que practicaban la única ecología que me parece que vale la pena. Una ecología de la comunión con la naturaleza. Comunión con la naturaleza y espíritu comunitario son las dos claves que explican la supervivencia de los valores indígenas tradicionales, a pesar de cinco siglos de persecución y de desprecio.

Durante siglos la naturaleza fue una bestia que había que domar. Enemiga extraña, traidora. Ahora que todos somos verdes, de la mano de una publicidad mentirosa hecha de palabras, no de hechos, la naturaleza ha pasado a convertirse en algo que hay que proteger. Pero en cualquiera de los dos casos, es decir, la naturaleza como objeto de dominación, para arrancarle ganancias, o como objeto de protección, está separada de nosotros. Es necesario recuperar el sentido indígena de la comunión con la naturaleza.
La naturaleza no es el paisaje, está en nosotros y con nosotros vive. Y no me refiero sólo a los bosques, sino a todo lo relativo a la concepción sagrada que de la naturaleza tenían y tienen los aborígenes americanos. Sagrada en el sentido de que todo lo que podamos hacer contra ella se vuelve contra nosotros. Todo crimen se convierte en suicidio y esto se manifiesta también en las grandes ciudades latinoamericanas, una mala copia de las ciudades del mundo desarrollado en las que es virtualmente imposible caminar y respirar.Estamos hoy habitando un mundo que tiene el aire envenenado, el agua envenenada, la tierra envenenada. Pero sobre todo tiene también el alma envenenada. Ojalá podamos recuperar energías lindas para curarnos.

De la memoria como catapulta
En Días y noches de amor y de guerra” me pregunté: “¿Nos dará permiso la memoria para ser felices?” Todavía no tengo respuesta. En una novela de una escritora norteamericana hay un bisabuelo que se encuentra con su biznieto. El bisabuelo no tenía ninguna memoria porque la había perdido. Estaba gagá. Sus pensamientos tenían el color del agua. El biznieto no tenía ninguna memoria porque estaba recién nacido.
Cuando estaba leyendo esa novela pensé: “Ésa es la felicidad perfecta.” Pero no la quiero. Quiero una felicidad que nace de la memoria y contra ella combate. Que proviene de la memoria y de la experiencia y que está de ella adolorida, que está de ella herida, está por ella lastimada, pero que a partir de ella camina. No es la memoria como ancla, sino la memoria como catapulta, no la memoria como puerto de llegada, sino como puerto de partida.Hay una tradición indígena americana que existía en las islas del Pacifico, en Canadá y también en otras comunidades como Chiapas, en México. Consiste en lo siguiente: cuando el maestro alfarero va a dejar el oficio porque ya las manos le tiemblan y los ojos ven poco, entrega en una ceremonia su vasija mejor, su obra maestra, al alfarero joven que empieza. El aprendiz recibe esa vasija perfecta y la revienta contra el piso en mil pedacitos. Recoge esos pedacitos y los incorpora a su propia arcilla. Ésa es la memoria en la que yo creo.

Autorretrato
Todos mis libros son de clasificación difícil. Es difícil decir esto es ficción o no lo es. A mí lo que más me gusta es narrar. Me siento un narrador. Yo recibo y doy. Es una ida y vuelta. Escucho voces y las devuelvo multiplicadas por el acto de creación, en forma de relato, de ensayo, de libros inclasificables donde se juntan todos los estilos y todos los géneros. Trato de hacer una síntesis de géneros que vaya más allá de las divisiones tradicionales entre la narrativa, el ensayo, la novela, la poesía, el relato, la crónica. Intento proponer un mensaje integrado porque creo en esa síntesis posible del lenguaje humano.No hay una frontera entre el periodismo y la literatura. La literatura es el conjunto de mensajes escritos que una sociedad emite, tengan la forma que tengan. Uno puede decir lo que quiere decir escribiendo en periódicos o en libros. El periodismo bien ejercido puede llegar a ser muy buena literatura como lo demostraron entre muchos otros José Martí, Carlos Quijano y Rodolfo Walsh.Siempre he sido periodista y no quiero dejar de serlo, porque una vez que uno entra en ese mundo mágico de la redacción, ¿quién te saca? Tiene virtudes: te enseña a ser breve, te obliga a la síntesis, lo cual es muy interesante para alguien que quiera escribir un montón de cosas. Te obliga a salir de tu microespacio para meterte en la realidad, bailar el baile de los demás. Te obliga a andar por allí, a escuchar. Y tiene defectos. El primero es la urgencia. A veces me tranco con una palabra y paso tres horas buscando otra. Ese es un lujo que el periodismo no me podría dar. Del sueño y la vigilia Mi única función es tratar de revelar una realidad enmascarada que vemos y también la que no vemos. Es la realidad de la vigilia, del sueño, es una realidad mentida, a veces mentirosa, pero también capaz de muchas verdades que son verdades desconocidas o raras veces escuchadas.No hay ninguna fórmula mágica que te pueda permitir cambiar la realidad si no empiezas por verla como es. Para poder transformarla hay que empezar por asumirla.

Este es el problema en América Latina.
No podemos verla todavía. Estamos ciegos de nosotros mismos porque estamos entrenados para vernos con ojos de otros. Por ello el espejo nos devuelve una mancha de azogue y nada más que una mancha.…Y del fútbolTodos los uruguayos nacemos gritando gol y por eso hay tanto ruido en las maternidades, hay un estrépito tremendo. Yo quise ser jugador de fútbol como todos los niños uruguayos. Jugaba de ocho y me fue muy mal porque siempre fui un “pata dura” terrible. La pelota y yo nunca pudimos entendernos, fue un caso de amor no correspondido. También era un desastre en otro sentido: cuando los rivales hacían una linda jugada yo iba y los felicitaba, lo cual es un pecado imperdonable para las reglas del fútbol moderno.

Bibliografia: Entrevista realizada por Niels Boel.
ACTIVIDAD EXTRA CLASE : En una hoja cuadriculada tipo examén presentar un informe a mano de los apartes que más le llamaron la atención de la conferencia de Eduardo galeano. Presentar en clase. Semana 31 Agosto - 4 Septiembre.
VIDEO para Observar y Profundizar:
http://www.youtube.com/watch?v=LM8Tg07QmaM GLOBALIZACION

http://www.youtube.com/watch?v=30hdrc-jO44 Mundo actual, globalización, pobreza...

sábado, 8 de agosto de 2009

GUIA DE ESTUDIO- TECNOLOGíA Y NUEVO ORDEN -TERCER BIMESTRE

La revolución tecnológica
La inmensa mayoría de los objetos que empleamos a diario son producto de la tecnología. Electrodomésti­cos, computadores, teléfonos celulares, etc., forman parte importante de nuestra vida.
Esos avances tecnológicos han transformado nuestra manera de relacionarlos a todo nivel, y a la vez nos exi­gen un conocimiento adecuado de su funcionamiento. Pero quizás el impacto más grande del influjo de la tec­nología lo encontremos en la economía. En efecto, hoy las empresas buscan ser competitivas produciendo cons­tantemente nuevas tecnologías.
¿Por qué se ha dado este cambio en el manejo de la eco­nomía? Para contestar a este interrogante debemos ana­lizar cómo ha evolucionado la tecnología y cuál es su relación con el desarrollo del capitalismo económico.
Las revoluciones industriales
En el desarrollo de la tecnología se pueden identificar tres grandes épocas:
• Primera revolución industrial.
La podemos ubicar a partir de 1786 cuando el ingeniero británico James Watt aplicó su máquina de vapor a la industria y al transporte en Inglaterra. Paralelamente, con el inven­to del telar mecánico se desarrolló la industria textil. La materia prima fundamental fue el hierro y la fuen­te de energía el carbón, muy utilizado en los ferroca­rriles y en los barcos de vapor.
Otros inventos que se realizaron en esta época fueron la calefacción a gas, el acueducto, el alcantarillado y la máquina de coser.
Desde e/ invento de la máquina de vapor hasta la automatización industrial se han desarrollado a la par la tecnología y el capitalismo económico.
• La mejora de la tecnología es uno de los factores determinantes del crecimiento económico.
• Segunda revolución industrial. Se inició a partir ¿los años ochenta y se caracterizó por avances tecnológicos tales como el desarrollo de la electricidad aplicación a la industria, al transporte y a la vida doméstica. Igualmente, el descubrimiento del motor de explosión dio lugar a una tecnología que conclu­yó con el invento del automóvil, lo cual, a su vez, dio lugar al desarrollo de la industria del petróleo, También se impulsó de manera importante el mane­jo del acero, que era una materia prima fundamental para la fabricación de nuevas máquinas y herramien­tas.
Otras industrias que recibieron un impulso importante fueron las del plástico y las de fibras textiles.
En la vida doméstica se incluyó el teléfono, el alumbrado eléctrico y una gran variedad de electrodomésticos. Estos elementos comenzaron a caracteriza lo que hoy conocemos como sociedad de consume
• Tercera revolución industrial. Podemos ubicar esta revolución a partir de 1920. Por esta época la aviado y la astronáutica recibieron un gran impulso, de igual manera se comenzó a trabajar en el empleo de la energía atómica, la electrónica y la cibernética. En el campo de la biología aparecieron los antibióticos. Se desarrollaron los medios de comunicación (radio televisión, cine, informática), y los medios de trasporte.
Un rasgo característico de esta época lo constituye llamada "automatización industrial" o "imperio de las máquinas programadas", controladas por medio de los computadores. De hecho hoy se habla de "empresa informatizada".
La revolución informática
Los computadores son unas máquinas capaces de resol­ver operaciones complicadas en brevísimo tiempo, de almacenar gran cantidad de información en su memo­ria y decidir sobre los problemas que les planteen a par­tir de datos previamente suministrados.
El influjo de la informática podemos ubicarlo a partir de 1950. Sus características más importantes son: recurso clave, el conocimiento; economía dominante, los servi­cios; tecnologías sobresalientes, la informática, la tele­mática y la robótica.

La revolución informática
Los principales avances de la revolución informáti­ca son:
1. En la producción industrial muchos procesos de montaje en serie lo realizan los robots.
2. De la concentración económica en grandes empresas se ha pasado a la desconcentración de pequeñas y medianas industrias.
3. La unidad monetaria y el cheque como instru­mento de pago van cediendo el puesto al impulso electrónico a través de redes de microprocesadores esquivando servicios bancarios, y aún el control monetario de los bancos centrales.
4. Tanto en el campo económico como en el políti­co, las minorías cobran un poder inusitado. La empresa informatizada puede ser paralizada no ya por sindicalistas sino por los operarios de cóm­puto.
• La informática. Constituye la ciencia y la técnica de la computación electrónica, la cual procesa informa­ción de manera automática, en gran volumen y a gran velocidad.
• La telemática. Es la combinación de bases de datos de computador, con los sistemas de telecomunica­ción. Así, el teléfono acoplado a un dispositivo elec­trónico llamado módem, convierte la señal sonora en digital y permite la transmisión instantánea de gran­des volúmenes de información.
• La robótica. Un robot es una máquina con mecanismos hidráulicos neumáticos y electromotrices, conectada a un computador un computador en el cual se programan las tareas que debe realizar. Esta combinación del robot y el computador ha desplazado, en gran parte, la pre­sencia del hombre en la fábrica.

TAREA: Se revisará en clase. Y pegar la anterior guía en teoria.
Investiga qué relación existe entre telemática e Internet.
¿Qué importancia tiene el Internet en el mundo de hoy?
¿Se puede considerar al Internet como una tecnología más de la informática? ¿Por qué?

domingo, 2 de agosto de 2009

TECNOLOGIA Y NUEVO ORDEN TERCER BIMESTRE

TECNOLOGIA Y NUEVO ORDEN
El siguiente articulo se presentará con un analisis del método Idrisca. En hoja tipo examén y se recogerá en clase.
Estimados estudiantes a continuación usted presentará un trabajo escrito personal, donde pondrá en práctica la técnica IDRISCA; TÉCNICA DE LECTURA: Una propuesta para leer "A puro pulso" en todos los espacios académicos.
EStos son los Pasos a seguir, para que Usted lo aplique:
1er. Momento:Lectura silenciosa indivi­dual.
2do. Momento:Lectura de análisis indivi­dual; el estudiante debe escribir cada uno de los pasos así:
1• Identificar palabras claves: Estas se encuentran varias ve­ces en el párrafo o tiene rela­ción con el tema.
2• Definir palabras claves: El estudiante da el significado a la palabra según su propia compresión y luego escribe la consulta hecha en el diccionario.
3• Relacionar pala­bras claves: Con las palabras y defini­ciones dadas el estudiante está en capacidad de escri­bir un texto.
4• Ideograma: Realiza un dibujo que represente la idea central de la lectura.
5• Síntesis: Realiza el resumen del capí­tulo.
6• Conclusiones: A que llega con la lectura.
7• Aporte personal: Qué le deja para su vida lo leído.
Resumen: El fuerte proceso de innovación tecnológica que han experimentado las economías avanzadas durante los últimos años, conjuntamente con los efectos de la globalización económica y el cambio en los patrones de consumo de los hogares, define una nueva economía, que se caracteriza por una incorporación progresiva de la información y el conocimiento en la estructura del valor añadido, lo que nos permite definir esta situación nueva como la economía del conocimiento. Los avances de la ciencia económica desde esta perspectiva se han concentrado a estudiar la realidad económica del núcleo de la economía del conocimiento, es decir, la industria de la información, y también los efectos, tanto microeconómicos como macroeconómicos, que la economía del conocimiento tiene sobre los agentes y variables económicos fundamentales. Sin embargo, pocos estudios -cabe citar ahora el excelente trabajo de Shapiro y Varian (1999)- han analizado el papel del conocimiento como factor productivo de relevancia creciente en el marco de la teoría económica de la función de producción y, en especial, de la producción en presencia de cambio técnico. Este artículo intenta aportar algunas nociones elementales sobre como se puede inserir el conocimiento en el análisis clásico de la función de producción con cambio técnico.
Introducción
"Basta una lectura rápida de la literatura sobre el crecimiento económico real, o un somero conocimiento de la historia de las economías en crecimiento para indicarnos que nuestros modelos, al poner el acento en la acumulación de factores, han olvidado un elemento fundamental del proceso de crecimiento económico: el cambio tecnológico." Introducción a las teorías modernas del crecimiento económico , J. Hywell
Durante los últimos años la innovación tecnológica ha cambiado la estructura económica de las economías avanzadas desde varias dimensiones, aunque como principal ventaja se señalan los múltiples efectos que genera sobre el resto de la economía (OCDE, 1998). En primer lugar, se pueden destacar los cambios sectoriales, derivados de un aumento de la preponderancia de los subsectores intensivos en tecnología. En segundo lugar, además de la propia inversión, cabe remarcar los cambios en el proceso inversor, derivados de la nueva formación de capital en intangibles, y, en tercer lugar, se puede referenciar los cambios en las relaciones comerciales, resultado del aumento de las interdependencias para el comercio tecnológico, la inversión directa y la colaboración entre empresas. A parte de los importantes cambios generados en la producción, las tecnologías de la información y la comunicación (TIC) han cerrado un círculo virtuoso (Greenspan, 1999) desde la demanda. Así, los aumentos de productividad derivados de la inversión tecnológica consolidan nuevos patrones de consumo asociados a la diversificación productiva, lo que en un contexto de inflación baja y aumento de la riqueza retroalimenta el trinomio inversión tecnológica - nueva producción - consumo. Aunque la inversión tecnológica no es una cosa nueva, los economistas hablan de un cambio estructural. ¿Qué elementos se han incorporado al proceso productivo en general y desde la inversión tecnológica en particular para hablar de cambio?
Un repaso de la teoría económica del crecimiento nos permitirá tener más elementos de juicio. Como se ha comentado, la teoría económica del crecimiento hace años que analiza el impacto sobre el crecimiento económico de la tecnología. Sin embargo, teniendo en cuenta la diversidad de los modelos de crecimiento económico de corte neoclásico, a grandes rasgos se puede considerar que tienen una característica común: la consideración que los avances de renta y producción agregadas tienen la causa fundamental en los incrementos de la cantidad de factores productivos (capital y trabajo) utilizados por una economía, lo que no incluye la consideración del cambio técnico como un elemento primordial en la explicación del crecimiento económico. A partir de las aportaciones de Schmookler (1966) y Mansfield (1968) definimos la tecnología como el "fondo social de conocimiento de las artes industriales" y la tasa de progreso tecnológico como "la tasa a la cual aumenta este estock de conocimientos". La manifestación del cambio tecnológico en progreso técnico se evidencia de varias formas, que se pueden agrupar según los tres grandes grupos siguientes:
Cuando un invento nos dirige a "una nueva técnica para producir un determinado bien que ya existe", definimos la invención de proceso, mientras que un invento que "cambia la forma -entendida en el sentido amplio, no sólo de apariencia- de los bienes ya existentes o genera bienes completamente nuevos" definimos la invención de producto. Una vez un invento "se aplica al conjunto de las actividades económicas", se define la innovación, que puede ser también de proceso o de producto. En el campo macroeconómico y en el análisis del papel que tiene el cambio técnico en la explicación del crecimiento económico han surgido en los últimos años cuatro preguntas fundamentales: ¿Qué grado de importancia tiene el progreso técnico y tecnológico en la explicación del crecimiento económico? La respuesta a esta pregunta incorpora una vertiente teórica y una vertiente empírica. Desde el punto de vista teórico el progreso técnico ha tenido un papel marginal en la teoría económica hasta épocas muy recientes. En el análisis clásico solamente Marx, que situó la innovación como característica fundamental en el estudio de las leyes de evolución del capitalismo y en la caída de la tasa de beneficio, y Schumpeter (1952), que mediante su estudio de los racimos de innovación también situó el progreso técnico en el centro del desarrollo capitalista, realizaron aportaciones importantes que, sin embargo, quedaron al margen de las principales corrientes de la teoría económica convencional. A partir de la década de los cincuenta -con el trabajo de Solow-, los economistas recobraron el interés por la importancia del progreso técnico en la explicación del crecimiento económico. En realidad, se ha pasado del hecho que no se considerase la importancia del análisis económico al hecho de ver como un número creciente de autores juzga el progreso técnico como un elemento que impregna la actividad económica. Schmookler lo identifica como el dominio creciente del hombre sobre la naturaleza y Mansfield empieza su famoso manual de la manera siguiente:

"Sin duda, el cambio tecnológico es uno de los determinantes más importantes de la configuración y la evolución de la economía. El cambio tecnológico ha mejorado las condiciones de trabajo, ha permitido la reducción de las horas de trabajo, ha proporcionado un incremento de la producción de bienes nuevos y viejos, y ha aportado muchas dimensiones nuevas a nuestra manera de vivir." The Economics of Technological Change , E. Mansfield y E. Mansfield( 1968)
En resumen, el estudio de la importancia del progreso técnico en la explicación del crecimiento económico nos interesa desde dos vertientes. En primer lugar, desde la determinación de modelos teóricos que incorporen la importancia de los procesos de innovación y, en segundo lugar, desde el estudio de la adaptación de estos modelos para la investigación empírica del efecto del progreso técnico en el mundo real.
¿Cuál es la causa del progreso técnico? ¿Es exógeno o endógeno al sistema económico?
"Aunque en muchas teorías modernas del crecimiento y de los precios se considera que el progreso tecnológico es exógeno, esto ha de interpretarse como una cuestión de conveniencia analítica más que como una afirmación seria relativa al sistema económico." Invention, Growth and Welfare: A Theoretical Treatment of Technological Change , W.D. Nordhaus( 1969)

¿Como se transforma el cambio tecnológico en progreso técnico real en el ámbito macroeconómico?
Otra de las incógnitas más importantes relativas al progreso técnico es el mecanismo concreto de transmisión mediante el cual el estock creciente de tecnologías se traduce en las diferentes tipologías de progreso técnico citadas anteriormente. En los modelos más simples de crecimiento se considera como algo dado, mientras que en los modelos más avanzados se considera que el mecanismo mediante el cual se incorpora el progreso técnico es el nuevo estock de capital.

Si podemos clasificar el progreso técnico como un ahorrador de trabajo, neutral o ahorrador de capital, ¿existe en la economía una predisposición sistemática a la existencia de una forma determinada de progreso técnico? Y si es así, ¿por qué?
Los intentos de clasificación del progreso técnico han estado motivados por el interés de los efectos que tiene en la distribución de la renta entre capital y trabajo. De hecho, teniendo en cuenta las clasificaciones propuestas, el renovado interés por esta temática proviene del fenómeno que muchas formas de progreso técnico son inconsistentes con los conceptos de crecimiento continuado utilizados en muchos modelos de crecimiento económico. En este sentido, se ha llegado a la conclusión, mediante esta línea de investigación, que el progreso técnico a largo plazo toma una forma en concreto. Este artículo intenta avanzar en la aproximación a la interpretación económica del conocimiento en el marco de la función de producción con cambio técnico. De esta manera, y después de esta introducción, se pasa revista a cómo la teoría económica ha estudiado tradicionalmente el cambio técnico: en primer lugar, se habla de la tecnología en la función de producción de la economía; en un segundo punto, se avanza en la representación del progreso técnico, y finalmente, en las conclusiones, se incide en los elementos característicos de una función de producción con conocimiento.
Bibliografía :
Atkinson, A.B. ; Stiglitz, J.E. (1969). "A new View of Technological Change". A: Economic Journal, pàg. 573-578.
Jones, H. (1975). Introducción a las teorías modernas del crecimiento económico. Barcelona: Antoni Bosch editor.
Mansfield, E.; Mansfield, E. (1968). The Economics of Technological Change. Nova York: Norton.
Nordhaus, W.D. (1969). Invention, Growth and Welfare: A Theoretical Treatment of Technological Change. Cambridge, Massachussets: MIT Press.
OCDE (1996). Technologie, productivité et création d'emplois. (vol. 2). Rapport analytique.
Salter, W.E.G. (1969). Productivity and Technical Change. Cambridge University Press. [Traducción castellana: Productividad y cambio técnico. Madrid: Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.]
ATENCIÓN OBSERVAR EL CRONOGRAMA DE EVALUACIONES.

domingo, 12 de julio de 2009

DEUDA EXTERNA TERCER BIMESTRE 2009

¿Cómo funcionan los bancos y la deuda de los países? "Una historia bien contada..............." ELABORAR UN RESUMEN Y PRESENTARLO. Se revisará en clase.
http://www.google.com.co/search?hl=es&rlz=1T4ADBF_es___CO331&q=ECONOMIA+PARA+NI%C3%91OS&meta= ENTRA AQUI.

NO SERÁ ESTA LA REALIDAD................... REFLEXIONA.
http://www.youtube.com/watch?v=3Oka5UavbQo NACIMIENTO DE LA DEUDA EXTERNA Entra aquí.
http://www.youtube.com/watch?v=9rbLDm0v5Ec&feature=related JONH PERKINS UN SICARIO ECONÓMICO. Entra aquí
elabore un resumen del anterior video.


lunes, 18 de mayo de 2009

GUIA ESTUDIO LA ECONOMIA Y EL ESTADO

La economía capitalista
El sistema económico capitalista
El capitalismo es el sistema económico propio de las democracias liberales. Dos son sus rasgos esenciales:
• La propiedad privada de los medios de producción.
• La búsqueda del máximo beneficio en un mercado en donde el libre juego de la oferta y la demanda regula la producción y el consumo de toda clase de bienes y servicios.
La evolución de la economía capitalista:
A lo largo de la historia del capitalismo, podemos dis­tinguir las tres etapas siguientes:
1. La prosperidad de los años veinte. A partir de 1924, una vez superados los desajustes producidos por la Primera Guerra Mundial, el mundo capitalista cono­ció un período de espectacular expansión económica.
2. La depresión de los años treinta. El 24 de octubre de 1929 (el tristemente célebre Jueves Negro) la bolsa de Nueva York se hundió estrepitosamente.
Los pequeños bancos estadounidenses quebraron en cadena, y la ola de quiebras no se detuvo hasta la pri­mavera de 1932. Se produjo una crisis financiera que terminó afectando a todos los sectores económicos y se extendió a todo el mundo. La crisis produjo el caos del Sistema Monetario Internacional y un crecimien­to alarmante del paro.
3. Aparición del neocapitalismo. Tras la crisis de 1929, el economista británico John Maynard Keynes (1883-1946) sometió a una severa crítica los principios del capitalismo e introdujo los fundamentos teóricos del neocapitalismo.
Keynes asignó nuevas tareas al Estado en aquella situación de crisis y de depresión económica:
a• Relanzar la economía mediante el aumento de la inversión pública con base en el déficit presupuestario, aunque de manera controlada.
b• Mantener la demanda mediante el estímulo consumo, lo que debería lograrse con una política social de subsidios y pensiones, y con una mejora de salarios que permitiera a las masas acceder dicho consumo.
c• Fomentar la inversión privada.
“ El capitalismo económico se refleja en una vida de bienestar y comodidad para una minoría”.
4. La recuperación económica. Después de la Segunda Guerra Mundial, destrozadas las economías de Europa y Japón, Estados Unidos reforzó su liderazgo económico mundial. El programa estadounidense de ayuda a la reconstrucción de Europa (Plan Marshall, 1947) contribuyó a que desde 1950, durante veinte años, Europa experimentara un fue tal crecimiento económico. El nuevo esplendor de Europa fue consecuencia en gran parte, de la creada de la Comunidad Económica Europea (CEE).
La brillante evolución de la economía capitalista, supe­rados los difíciles años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, se vio gravemente interrumpida en los comienzos de la década de los setenta.
La crisis de 1973 tuvo varias causas, pero la que más influyó fue la gran elevación de los precios del petróleo.
Así fue. En 1973, los países árabes productores de petróleo se confabularon para utilizar el crudo que pro­ducían como “arma política" orientada contra Israel. Los efectos de esta "arma", consistente en la ele­vación de los precios del crudo se hicieron notar sobre la economía de los países desarrollados, muy depen­dientes todos ellos de la energía petrolífera.
La elevación de los precios afectó de lleno a la econo­mía mundial, pues encareció los costos de la producción industrial y de los servicios. Como consecuencia de ello debe citarse produjo una disminución del consumo y de la actividad económica.
Los Estados dispusieron medidas para poner remedio a la situación. Estas medidas consistieron, entre otras en frenar la inflación y relanzar la inversión, a la vez que en reestructurar técnicas y sectores de producción para hacerlos más competitivos.
La situación actual
Tras la crisis de 1973, la economía capitalista ha tenido que cambiar por necesidad. Entre los motivos de dicho cambio se encuentran los siguientes:
1• Se ha demostrado que la energía es cara y limitada, y que es necesario estimular una tecnología más eficaz, lejana del derroche energético de tiempos anteriores.
2• La expansión económica de los países industrializados abre nuevos horizontes como la tecnología espacial.
• La mano de obra, cada vez más cualificada, se ha encarecido debido a dicha cualificación y los gastos sociales propios de las sociedades democráticas desa­rrolladas.
3• La creciente degradación del medio ambiente se ha convertido en una grave amenaza que no permite seguir con los anteriores sistemas de producción y desarrollo, sino que exige inmensas inversiones des­tinadas a no continuar contaminando y a desconta­minar lo contaminado.
Por otra parte, la expansión económica de los países industrializados se viene desarrollando dentro de una pauta que la diferencia de tiempos anteriores:
4• Se está iniciando una nueva fase de la Revolución industrial en la que se han desarrollado nuevas tec­nologías: espacial, electrónica, nuclear e informática.
5• Se han creado organismos de cooperación económica internacional: financieros, como el FMI.
cuestiones______________
• ¿Por qué se han dado tantas crisis en la economía capitalista?
• ¿Qué relación puedes establecer entre crecimiento económico y deterioro del medio ambiente?
• Relaciona tecnología y capitalismo económico.

La tragedia de los bienes comunales es una historia que tiene una lección general: cuando una persona utiliza un recurso común, reduce su uso por parte de otra. Como consecuencia de esta externalidad negativa, los recursos comunes tienden a utilizarse excesivamente. El Estado puede resolver el problema reduciendo su uso por medio de la regulación o de impuestos. A veces también puede convertir el recurso común en un bien privado.
Esta lección se conoce desde hace miles de años. Aristóteles, filósofo de la antigua Grecia, señaló el problema de los recursos comunales: «Lo que es común para todos recibe menos cuidados, pues todos los hombres cuidan más lo que es suyo que de lo que poseen en común con otros».

CASO PRÁCTICO: EL CAPITALISMO, EL COMUNISMO Y LOS RECURSOS COLECTIVOS
Según uno de los diez principios de la economía del Capítulo 1, los mercados normalmente constituyen un buen mecanismo para organizar la actividad económica. Sin embargo, las economías de mercado sólo funcionan perfectamente cuando los recursos son de propiedad privada; funcionan peor cuando son de propiedad colectiva. Por este motivo, la creencia de que los mercados son un buen mecanismo para organizar la sociedad va inexplicablemente unida a la creencia en la propiedad privada. Esta idea a veces se denomina filosofía política del capitalismo.
Quienes critican el capitalismo suelen desaprobar la propiedad privada. Ésta permite que la riqueza se distribuya desigualmente. Los afortunados, dotados de talento o astutos suelen acabar teniendo más recursos de la sociedad que los que carecen de esas cualidades.
Muchos de los que critican el capitalismo quieren abolir la propiedad privada como primer paso para llegar a una sociedad sin clases. Karl Marx, padre filosófico del comunismo, quería que los recursos de la sociedad se distribuyeran basándose en el lema «de cada uno de acuerdo con sus capacidades, a cada uno de acuerdo con sus necesidades». Sostenía que la propiedad colectiva de todos los recursos impediría las grandes injusticias del capitalismo.
Sin embargo, la propiedad colectiva tiene sus propios problemas. La historia ha prestado poco apoyo al ideal de Marx de una sociedad sin clases. En la práctica, los países comunistas no son tan igualitaristas como esperaba Marx. Sustituyen meramente las injusticias del mercado privado por las injusticias del sistema político. En una economía capitalista, los individuos se enriquecen ofreciendo bienes y servicios que otras personas están dispuestas a pagar. En una economía comunista, se enriquecen ganándose el favor de los que tienen poder político.
Por otra parte, la abolición de la propiedad privada tiene un gran costo desde el punto de vista de la eficiencia económica. Como hemos visto, cuando los individuos poseen colectivamente los recursos, no los utilizan eficientemente. La toma privada de decisiones puede sustituirse en principio por la toma pública de decisiones, pero esta última raras veces funciona bien en la práctica. La planificación central es demasiado difícil en una economía compleja y moderna. De hecho, los casos de Rusia y el este de Europa antes de la caída del comunismo son un testimonio de las virtudes de la toma descentralizada de decisiones y de la propiedad privada.
ESTIMADOS ESTUDIANTES LA EVALUACION BIMESTRAL ENTRARA LOS TRES TEMAS ANTERIOR MENTE VISTOS LAS GUIAS SERAN LA MEJOR GUIA DE ESTUDIO SUERTE.

jueves, 7 de mayo de 2009

TEXTO PARA DEBATE EN CLASE :CURSO BASICO DE INJUSTICIA

Curso básico de injusticia para el Desarrollo y el Subdesarrollo.
(Articulo tomado de Patas Arriba la escuela del mundo al revés – Eduardo Galeano. 1999)
Con esté texto realizaremos nuestro debate que tendrá una calificacion dependiendo de la participacion. SEMANA DE 11-15 MAYO 2009
La publicidad manda consumir y la economía lo prohíbe. Las órdenes de consumo, obligatorias para to­dos pero imposibles para la mayoría, se traducen en invitaciones al delito.
Este mundo, que ofrece el banquete a todos y cierra la puerta en las narices de tantos es, al mismo tiempo, igualador y desigual: igualador en las ideas y en las costumbres que impone, y desigual en las oportunidades que brinda.
La igualación y la desigualdad.
La dictadura de la sociedad de consumo ejerce un totalita­rismo simétrico al de su hermana gemela, la dictadura de la or­ganización desigual del mundo.
La maquinaria de la igualación compulsiva actúa contra la más linda energía del género humano, que se reconoce en sus diferen­cias y desde ellas se vincula. Lo mejor que el mundo tiene está en los muchos mundos que el mundo contiene, las distintas músicas de la vida, sus dolores y colores: las mil y una maneras de vivir y decir, creer y crear, comer, trabajar, bailar, jugar, amar, sufrir y celebrar, descubriendo a lo largo de miles y miles de años.
Nos uniformiza y nos emboba, no se pue­de medir. No hay computadora capaz de registrar los crímenes cotidianos que la industria de la cultura de masas comete contra el arco iris humano y el humano derecho a la identidad. Pero sus demoledores progresos rompen los ojos. El tiempo se va vaciando de historia y el espacio ya no reconoce la asombrosa diversidad de sus partes. A través de los medios masivos de comunicación, los dueños del mundo nos comunican la obligación que todos tenemos de contemplarnos en un espejo único, que refleja los valores de la cultura de consumo.
Quien no tiene, no es: quien no tiene auto, quien no usa calzado de marca o perfumes importados, está simulando existir. Economía de importación, cultura de impostación: en el reino del engaño, al que estamos todos obligados a embarcarnos en el crucero del consumo, que surca las agitadas aguas del mercado. La mayoría de los navegantes está condenada al naufragio, pero la deuda externa paga, por cuenta de todos, los pasajes de los que pueden viajar.
Los préstamos, que permiten atiborrar con nuevas cosas inútiles a la minoría consumidora, actúan al servició del purapintismo de nuestras clases medias y de la copianditis de nuestras clases altas; y la televisión se encarga de convertir en necesidades reales, a los ojos de todos, las demandas artificiales que el norte del mundo inventa sin descanso y, exitosamente, proyecta sobre el sur. (Norte y sur, dicho sea de paso, son términos que en este libro designan el reparto de la torta mundial, y no siempre coinciden con la geografía.)
¿Qué pasa con los millones y millones de niños latinoamericanos que serán jóvenes condenados a la desocupación o a los salarios de hambre? La publicidad, ¿estimula la demanda o, más bien, promueve la violencia? La televisión ofrece el servicio completo: no sólo enseña a confundir la calidad de vida con la cantidad de cosas sino que, además, brinda cotidianos cursos audiovisuales de violencia, que los videojuegos complementan. “El crimen es el espectáculo más exitoso de la pantalla chica”.
Golpea antes de que te golpeen, aconsejan los maestros electrónicos.
La excepción
Existe un solo lugar donde el norte y el sur del mundo se enfrentan en igualdad de condiciones: es una cancha de fút­bol de Brasil, en la desembocadura del río Amazonas. La lí­nea del ecuador corta por la mitad el estadio Zeráo, en Amapá, de modo que cada equipo juega un tiempo en el sur y otro tiempo en el norte.
Conoces los videojuegos. Estás solo, sólo cuentas contigo. Coches que vuelan, gente que estalla: Tú también puedes matar. Y, mien­tras tanto, crecen las ciudades, las ciudades latinoamericanas ya están siendo las más grandes del mundo. Y con las ciudades, a ritmo de pánico, crece el delito. La economía mundial exige mercados de consumo en perpetua expansión, para dar salida a su producción creciente y para que no se derrumben sus tasas de ganancia, pero a la vez exige brazos y materias primas a precio irrisorio, para abatir sus costos de producción.
El mismo sistema que necesita vender cada vez más, necesita también pagar cada vez menos. Esta pa­radoja es madre de otra paradoja: el norte del mundo dicta ór­denes de consumo cada vez más imperiosas, dirigidas al sur y al este, para multiplicar a los consumidores, pero en mucha mayor medida multiplica a los delincuentes. Al apoderarse de los feti­ches que brindan existencia real a las personas, cada asaltante quiere tener lo que su víctima tiene, para ser lo que su víctima es- Armaos los unos a los otros: hoy por hoy, en el manícomio de las calles, cualquiera puede morir de bala: el que ha nacido para morir de hambre y también el que ha nacido para morir de indi­gestión.
No se puede reducir a cifras la igualación cultural impuesta por los moldes de la sociedad de consumo. La desigualdad eco­nómica, en cambio, tiene quien la mide. Lo confiesa el Banco Mundial, que tanto hace por ella, y la confirman los diversos organismos de las Naciones Unidas. Nunca ha sido menos demo­crática la economía mundial, nunca ha sido el mundo tan escan­dalosamente injusto.
En 1960, el veinte por ciento de la humanidad, el más rico, tenía treinta veces más que el veinte por ciento más pobre. En 1990, la diferencia era de sesenta veces. Desde entonces, se ha seguido abriendo la tijera: en el año 2009 la diferencia será de noventa veces.
En los extremos de los extremos, entre los ricos riquísimos que aparecen en las páginas pornofinancieras de la revista Fortune, y los pobres pobrísimos, que aparecen en las ca­lles y en los campos, el abismo resulta mucho más hondo. Una, mujer embarazada corre cien veces más riesgo de muerte en África que en Europa. El valor de los productos para mascotas animales que se venden, cada año, en los Estados Unidos, es cuatro veces mayor que toda la producción de Etiopía.
Las ven­tas de sólo dos gigantes, General Motors y Ford, superan larga­mente el valor de la producción de toda el África negra. Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, diez per­sonas, los diez opulentos más opulentos del planeta, tienen una ri­queza equivalente al valor de la producción total de cincuenta paí­ses, y cuatrocientos cuarenta y siete multimillonarios suman una fortuna mayor que el ingreso anual de la mitad de la humanidad. El responsable de este organismo de las Naciones Unida James Gustave Speth, declaró en 1997 que, en el último medio siglo, la cantidad de ricos se ha duplicado en el mundo, pero la cantidad de pobres se ha triplicado, y mil seiscientos millón de personas están viviendo peor que hace quince años.
Poco antes, en la asamblea del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional, el presidente del Banco Mundial había echado un balde de agua fría sobre la concurrencia. En ple­na celebración de la buena marcha del gobierno del planeta, que ambos organismos ejercen, James Wolfensohn advirtió: si las cosas siguen así, en treinta años más habrá cinco mil millones de pobres en el mundo, «y la desigualdad estallará, como una bomba de relojería, en la cara de las próximas generaciones».
Mientras tanto, sin cobrar en dólares, ni en pesos, ni en especies siquiera, una mano anónima proponía en un muro de Buenos Aires: ¡Combata el hambre y la pobreza'. ¡Cómase un pobre !.
Para documentar nuestro optimismo, como aconseja Carlos Monsiváis, el mundo sigue su marcha: dentro de cada país, se reproduce la injusticia que rige las relaciones entre los países, y se va abriendo más y más, año tras año, la brecha entre los que tienen todo y los que tienen nada. Bien lo sabemos en América Al norte, en los Estados Unidos, los más ricos disponían, hace medio siglo, del veinte por ciento de la renta nacional. Ahora, tienen el cuarenta por ciento. ¿Y al sur? América latina es la región más injusta del mundo. En ningún otro lugar se distribu­yen de tan mala manera los panes y los peces; en ningún otro lu­gar es tan inmensa la distancia que separa a los pocos que tienen el derecho de mandar, de los muchos que tienen el deber de obedecer.
La economía latinoamericana es una economía esclavista que se hace la posmoderna: paga salarios africanos, cobra pre­cios europeos, y la injusticia y la violencia son las mercancías que produce con más alta eficiencia.
Ciudad de México, 1997, datos oficiales: ochenta por ciento de pobres, tres por ciento de ricos y, en el medio, los demás. Y la ciudad de México es la capi­tal del país que más multimillonarios de fortuna súbita ha gene­rado en el mundo de los años noventa: según los datos de las Naciones Unidas, un solo mexicano posee una riqueza equiva­lente a la que suman diecisiete millones de mexicanos pobres.
No hay en el mundo ningún país tan desigual como Brasil, y algunos analistas ya están hablando de la brasilización del plane­ta, para trazar el retrato del mundo que viene. Y al decir brasili­zación no se refieren, por cierto, a la difusión internacional del fútbol alegre, del carnaval espectacular y de la música que des­pierta a los muertos, maravillas donde Brasil resplandece a la mayor altura, sino a la imposición, en escala universal, de un modelo de sociedad fundado en la injusticia social y la discrimi­nación racial.
En ese modelo, el crecimiento de la economía multiplica la pobreza y la marginación. Belindia es otro nombre de Brasil: así bautizó el economista Edmar Bacha a este país donde una minoría consume como los ricos de Bélgica, mien­tras la mayoría vive como los pobres de la India.
En la era de las privatizaciones y del mercado libre, el dinero gobierna sin intermediarios. ¿Cuál es la función que se atribuye al estado? El estado debe ocuparse de la disciplina de la mano de obra barata, condenada a salarios enanos, y de la represión de las peligrosas legiones de brazos que no encuentran trabajo: un estado juez y gendarme, y poco más.
En muchos países del mundo, la justicia social ha sido reducida a justicia penal. El es­tado vela por la seguridad pública: de los otros servicios, ya se encargará el mercado; y de la pobreza, gente pobre, regiones pobres, ya se ocupará Dios, si la policía no alcanza.
Aunque la administración pública quiera disfrazarse de madre piadosa, no tiene más remedio que consagrar sus menguadas energías a las funciones de vigilancia y castigo. En estos tiempos neoliberales, los derechos públicos se reducen a favores del poder, y el poder se ocupa de la salud pública y de la educación pública, como si fueran formas de la caridad pública, en vísperas de elecciones.
La pobreza mata cada año, en el mundo, más gente que toda la segunda guerra mundial, que a muchos mato. Pero, desde el punto de vista del poder, el exterminio no viene mal, al fin y al cabo, si en algo ayuda a regular la población, que está creciendo demasiado. Los expertos denuncian los excedentes de población al sur del mundo, donde las masas ignorantes no saben hacer otra cosa que violar el sexto mandamiento, día y noche: las mujeres siempre quieren y los hombres siempre pueden.
¿Excedentes de población en Brasil diecisiete habitantes por kilómetro cuadrado o en Colombia, donde hay veintinueve? Holanda tiene cuatrocientos habitantes por kilómetro cuadra­do y ningún holandés se muere de hambre; pero en Brasil y en Colombia un puñado de voraces se queda con todo.
Haití y El Salvador son los países más superpoblados de las Américas, y están tan superpoblados como Alemania.
El poder, que practica la injusticia y vive de ella, transpira violencia por todos los poros. Sociedades divididas en buenos y malos: en los infiernos suburbanos acechan los condenados de piel oscura, culpables de su pobreza y con tendencia hereditaria al crimen: la publicidad les hace agua la boca y la policía los echa de la mesa.
El sistema niega lo que ofrece, objetos mágicos que hacen realidad los sueños, lujos que la tele promete, las lu­ces de neón anunciando el paraíso en las noches de la ciudad, esplendores de la riqueza virtual: como bien saben los dueños de la riqueza real, no hay valium que pueda calmar tanta ansie­dad, ni mejoral capaz de apagar tanto tormento. La cárcel y las balas son la terapia de los pobres.
Hasta hace veinte o treinta años, la pobreza era fruto de la injusticia. Lo denunciaba la izquierda, lo admitía el centro, rara vez lo negaba la derecha. Mucho han cambiado los tiempos, en tan poco tiempo: ahora la pobreza es el justo castigo que la ineficiencia merece. La pobreza puede merecer lástima, en todo caso, pero ya no provoca indignación: hay pobres por ley de jue­go o fatalidad del destino. Tampoco la violencia es hija de la in­justicia. El lenguaje dominante, imágenes y palabras producidas en serie, actúa casi siempre al servicio de un sistema de recom­pensas y castigos, que concibe la vida como una despiadada ca­rrera entre pocos ganadores y muchos perdedores nacidos para perder. La violencia se exhibe, por regla general, como el fruto de la mala conducta de los malos perdedores, los numerosos y peligrosos inadaptados sociales que generan los barrios pobres y los países pobres. La violencia está en su naturaleza.
Ella co­rresponde, como la pobreza, al orden natural, al orden biológi­co o, quizá, zoológico: .así son, así han sido y así seguirán siendo. La injusticia, fuente del derecho que la perpetúa, es hoy por hoy más injusta que nunca, al sur del mundo y al norte también, pero tiene poca o ninguna existencia para los grandes medios de comunicación que fabrican la opinión pública en escala uni­versal.
El código moral del fin del milenio no condena la injusticia, sino el fracaso. Robert McNamara, que fue uno de los responsa­bles de la guerra del Vietnam, escribió un libro donde reconoció que la guerra fue un error. Pero esa guerra, que mató a más de tres millones de vietnamitas y a cincuenta y ocho mil norteame­ricanos, no fue un error porque fuera injusta, sino porque los Es­tados Unidos la llevaron adelante sabiendo que no la podían ga­nar.
El pecado está en la derrota, no en la injusticia. Según McNamara, ya en 1965 había abrumadoras evidencias que de­mostraban la imposibilidad del triunfo de las fuerzas invasoras, pero el gobierno norteamericano siguió actuando como si la vic­toria fuera posible.
El hecho de que los Estados Unidos hayan pasado quince años practicando el terrorismo internacional para imponer, en Vietnam, un gobierno que los vietnamitas no querían, está fuera de la cuestión. Que la primera potencia militar del mundo haya descargado, sobre un pequeño país, más bombas que todas las bombas arrojadas durante la segunda guerra mundial es un detalle que carece de importancia.
Al fin y al cabo, en su larga matanza, los Estados Unidos ha­bían estado ejerciendo el derecho de las grandes potencias a in­vadir a quien sea y obligar a lo que sea.

Los militares, los merca­deres, los banqueros, y los fabricantes de opiniones y de emociones de los países dominantes tienen el derecho de imponer a los demás países dictaduras militares o gobiernos dóciles, pueden dictarles la política económica y todas las políticas, pueden darles la orden de aceptar intercambios ruinosos y usureros, pueden exigir servidumbre a sus estilos de vida y pueden digitar sus tendencias de consumo.
Es un derecho natural, consagrado por la impunidad con que se ejerce y la rapidez con que se olvida.
La memoria del poder no recuerda: bendice. Ella justifica perpetuación del privilegio por derecho de herencia, absuelve los crímenes de los que mandan y proporciona coartadas a si discurso. La memoria del poder, que los centros de educación y los medios de comunicación difunden como única memoria po­sible, sólo escucha las voces que repiten la aburrida letanía de su propia sacralización. La impunidad exige la desmemoria.
Países y personas exitosas y hay países y personas fracasadas, porque los eficientes merecen premio y los inútiles, castigo. Para que las infamias puedan ser convertidas en hazañas, la me­moria del norte se divorcia de la memoria del sur, la acumula­ción se desvincula del vaciamiento, la opulencia no tiene nada que ver con el despojo. La memoria rota nos hace creer que la riqueza es inocente de la pobreza, que la riqueza y la pobreza vienen de la eternidad y hacia la eternidad caminan, y que así son las cosas porque Dios, o la costumbre, quieren que así sean.
Octava maravilla del mundo, décima sinfonía de Beethoven, undécimo mandamiento del Señor: por todas partes se escu­chan himnos de alabanza al mercado libre, fuente de prosperi­dad y garantía de democracia. La libertad de comercio se vende como nueva, pero tiene una historia larga. Y esa historia tiene mucho que ver con los orígenes de la injusticia, que en nuestro tiempo reina como si hubiera nacido de un repollo, o de la oreja de una cabra: hace tres o cuatro siglos, Inglaterra, Holanda y Francia ejer­cían la piratería, en nombre de la libertad de comercio, mediante los buenos oficios de sir Francis Drake, Henry Morgan, Piet Heyn, Francois Lolonois y otros neoliberales de la época; la libertad de comercio fue la coartada que toda Europa uso para enriquecerse vendiendo carne humana, en el tráfico de esclavos; cuando los Estados Unidos se independizaron de Inglaterra lo primero que hicieron fue prohibir la libertad de comercio, y las telas norteamericanas, más caras y más feas que las telas inglesas, se hicieron obligatorias, desde el pañal del bebé hasta la mortaja del muerto; después, sin embargo, los Estados Unidos enarbolaron la li­bertad de comercio para obligar a muchos países latinoameri­canos al consumo de sus mercancías, sus empréstitos y sus dic­tadores militares; envueltos en los pliegues de esa misma bandera, los solda­dos británicos impusieron el consumo de opio en China, a caño­nazos, mientras el filibustero William Walker restablecía la es­clavitud, también a cañonazos, y también en nombre de la libertad, en América Central; rindiendo homenaje a la libertad de comercio, la industria británica redujo a la India a la última miseria, y la banca británi­ca ayudó a financiar el exterminio del Paraguay, que hasta 1870 había sido el único país latinoamericano de veras indepen­diente; pasó el tiempo y a Guatemala se le ocurrió, en 1954, practi­car la libertad de comercio comprando petróleo a la Unión So­viética, y entonces los Estados Unidos organizaron una fulmi­nante invasión, que puso las cosas en su lugar; y poco después, también Cuba ignoró que su libertad de co­mercio consistía en aceptar los precios que se le imponían, com­pró el prohibido petróleo ruso, y ahí se armó el tremendo lío que desembocó en la invasión de Playa Girón y en el bloqueo interminable.
Todos los antecedentes históricos enseñan que la libertad de comercio y las demás libertades del dinero se parecen a la liber­tad de los países, tanto como Jack el Destripador se parecía a san Francisco de Asís. El mercado libre ha convertido a nues­tros países en bazares repletos de chucherías importadas, que la mayoría de la gente puede mirar pero no puede tocar. Así ha sido desde los lejanos tiempos en que los comerciantes y los te­rratenientes usurparon la independencia, conquistada por nuestros soldados descalzos, y la pusieron en venta.
Entonces fueron aniquilados los talleres artesanales que podían haber in­cubado a la industria nacional. Los puertos y las grandes ciuda­des, que arrasaron al interior, eligieron los delirios del consumo en lugar de los desafíos de la creación.
Han pasado los años, y en los supermercados de Venezuela he visto bolsitas de agua de Es­cocia para acompañar al whisky. En ciudades centroamericanas donde hasta las piedras transpiran a chorros, he visto estolas de piel para damas copetudas. En Perú, enceradoras eléctricas ale­manas, para casas de pisos de tierra que no tenían electricidad. En Brasil, palmeras de plástico compradas en Miami.
Otro camino, el inverso, recorrieron los países desarrollados. Ellos nunca dejaron entrar a Herodes en sus cumpleaños infantiles. El mercado libre es la única mercancía que fabrican, sin subsidios, pero sólo con fines de exportación. Ellos la venden, nosotros la compramos.
Sigue siendo muy generosa la ayuda que sus estados brindan a la producción agrícola nacional que así puede derramarse sobre nuestros países a precios baratísimos, a pesar de sus costos altísimos, condenando a la ruina los campesinos del sur del mundo.
Cada productor rural de lo Estados Unidos recibe, en promedio, subsidios estatales cien veces mayores que el ingreso de un agricultor de las islas Filipinas, según los datos de las Naciones Unidas. Y eso por no hablar del feroz proteccionismo de las potencias desarrolladas en la custodia de lo que más les importa: el monopolio de las tecnologías de punta, de la biotecnología y de las industrias del cono cimiento y de la comunicación, privilegios defendidos a rajata­bla para que el norte siga sabiendo y el sur siga repitiendo, y que así sea por los siglos de los siglos.
Continúan siendo altas muchas de las barreras económicas, y más altas que nunca se alzan todas las barreras humanas. No hay más que echar un vistazo a las nuevas leyes de inmigración en los países europeos, o al muro de acero que los Estados Unidos están construyendo a lo largo de la frontera con México: éste no es un homenaje a los caídos del muro de Berlín, sino que es una puerta cerrada, una más, en las narices de los trabajado­res mexicanos que insisten en ignorar que la libertad de mudar­se de país es un privilegio del dinero. (Para que el muro no re­sulte tan desagradable, se anuncia que será pintado de color salmón, lucirá azulejos decorados con arte infantil y tendrá agujeritos para mirar al otro lado.)
Cada vez que se reúnen, y se reúnen con inútil frecuencia, los presidentes de las Américas emiten resoluciones repitiendo que «el mercado libre contribuirá a la prosperidad». A la pros­peridad de quién, no queda claro. La realidad, que también existe aunque a veces se note poco, y que no es muda aunque a veces se hace la callada, nos informa que el libre flujo de capitales está engordando cada día más a los narcotraficantes y a los banqueros que dan refugio a sus narcodólares. El derrumbamiento de los controles públicos, en las finanzas y en la economía, les facilita el trabajo: les proporciona buenas máscaras y les permite organizar, con mayor eficiencia, los circuitos de distribución de drogas y el lavado del dinero sucio.
También dice la realidad que esa luz verde está sirviendo para que el norte del mundo pueda dar rienda suelta a su generosidad, instalando al sur al este sus industrias más contaminantes, pagando salarios si bélicos y obsequiándonos sus residuos nucleares y otras basuras.
El lenguaje/3
En la época victoriana, no se podían mencionar los panta­lones en presencia de una señorita. Hoy por hoy, no queda bien decir ciertas cosas en presencia de la opinión pública: el capitalismo luce el nombre artístico de economía de mer­cado;
el imperialismo se llama globalización; las víctimas del imperialismo se llaman países en vías de de­sarrollo, que es como llamar niños a los enanos; el oportunismo se llama pragmatismo; la traición se llama realismo; los pobres se llaman carentes, o personas de escasos recursos; la expulsión de los niños pobres por el sistema educativo se conoce bajo el nombre de deserción escolar; el derecho del patrón a despedir al obrero sin indemniza­ción ni explicación se llama flexibilización del mercado laboral; el lenguaje oficial reconoce los derechos de las mujeres, en­tre los derechos de las minorías, como si la mitad masculina de la humanidad fuera la mayoría; en lugar de dictadura militar, se dice proceso; las torturas se llaman apremios ilegales, o también presiones físicas y psicológicas; cuando los ladrones son de buena familia, no son ladrones, sino cleptómanos; el saqueo de los fondos públicos por los políticos corruptos responde al nombre de enriquecimiento ilícito; se llaman accidentes los crímenes que cometen los automó­viles; para decir ciegos, se dice no videntes; un negro es un hombre de color; donde dice larga y penosa enfermedad, debe leerse cáncer o sida; repentina dolencia significa infarto; nunca se dice muerte, sino desaparición física; tampoco son muertos los seres humanos aniquilados en las operaciones militares: los muertos en batalla son bajas, y los civiles que se la ligan sin comerla ni bebería, son daños colate­rales; en 1995, cuando las explosiones nucleares de Francia en el Pacífico sur, el embajador francés en Nueva Zelanda declaró: «No me gusta esa palabra bomba. No son bombas. Son artefac­tos que explotan»; se llaman Convivir algunas de las bandas que asesinan gen­te en Colombia, a la sombra de la protección militar; Dignidad era el nombre de uno de los campos de concen­tración de la dictadura chilena y Libertad la mayor cárcel de la dictadura uruguaya; se llama Paz y justicia el grupo paramilitar que, en 1997, acribilló por la espalda a cuarenta y cinco campesinos, casi to­dos mujeres y niños, mientras rezaban en una iglesia del pueblo de Acteal, en Chiapas.


Fuentes consultadas para escribir este articulo.
*Ávila Curiel Abelardo, «Hambre, desnutrición y sociedad. La investigación epidemio­lógica de la desnutrición en México». Guadalajara, Universidad, 1990.
*Banet Richard Jr., y John Cavanagh, «Global dreams: imperial corporations and the New World Order». Nueva York, Simons & Schuster, 1994.
*Chesnais, Francois, «La mondialisation du capital». París, Syros, 1997.
*Goldsmith, Edward, y Jerry Mander, «The case against the global economy». San Fran­cisco, Sierra Club, 1997.
*FAO (Food and Agriculture Organization), «Production yearbook». Roma, 1996.
*Hobsbawm, Eric, «Age of extremes. The short twentieth century, 191-4/1991». Nueva York, Pantheon, 1994.
IMF (International Monetary Fund), «International Financial statistics yearbook». Was­hington, 1997.
*Instituto del Tercer Mundo, «Guía del mundo, 1998». Montevideo, Mosca, 1998.
*McNamara, Robert, «In retrospect». Nueva York, Times Books, 1995.
Pnud (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), «Informe sobre desarrollo humano, 1995». Nueva York/Madrid/México, 1995.
— «Informe sobre desarrollo humano, 1996». Nueva York/Madrid/México, 1996.
— «Informe sobre desarrollo humano, 1997». Nueva York/Madrid/México, 1997.
*Ramonet, Ignacio, «Géopolitique du chaos». París, Galileé, 1997.
*World Bank, «World development report, 1995». Oxford, University Press, 1996.
— «World Bank atlas». Washington, 1997.
— «World development indicators». Washington, 1997.